1 de enero de 2013

Desde la biblioteca real: El Señor del Tiempo (III)

(Aclarando que es una lectura del 2012)
Nombre completo: El Señor del Tiempo: El Orden y el Caos

Autor: Cooper Louise

Género: Fantasía

Argumento: Al regresar el tiempo, Tarod, aún no resignado con su terrible destino, decide presentarse ante el mismo Aeoris. El dios del Orden debe comprender que no es culpable de ser quien es. Tarod, en espera de la redención, se presenta ante el dios, quien le condena por ser un monstruo del Caos. Entonces, le será revelada su auténtica naturaleza, que precipitará el enfrentamiento de las fuerzas del Orden y del Caos.

Y aquí estamos con el último libro de la trilogía. La verdad vuelvo a agradecer a Sucy y a Bell por mencionar esta trilogía en twitter sino de seguro jamás la hubiera leído.

En esta ocasión ha sido tragada, de nuevo, por un WARP que la lleva muy lejos del castillo. Tarod ha salido en su búsqueda y Keridil Toln toma la decisión de convocar el Cónclave en la Isla Blanca. Y es así como los personajes estarán envueltos en varias aventuras.

 Algunos huyendo, otros persiguiendo y sin mencionar la aparición del Orden y el Caos. Gracias a lo cual se dará pie a una lucha “épica” entre el bien y el mal, dejando como vencedor a…quien menos se lo esperan. Muajaja. (¿?)

Es un libro emocionante y genialoso (¿?).  De verdad que esta trilogía fue maravillosa  y espero que la disfruten tanto como yo.

Después alzó los brazos y asió a Cyllan de la cintura para bajarla del caballo. Cuando ella le miró, su cara era un óvalo pálido e indistinto, en el que solamente los ojos parecían como tiznados de negro en la creciente penumbra. El sintió que los dedos de Cyllan se cerraban sobre sus brazos para conservar el equilibrio y, entonces, ella acabó de apearse y se agarró súbitamente a él.

—Tarod...

Pronunció su nombre una y otra vez, como si fuese un talismán y él la llevó hacia el lugar donde unos brezos enmarañados formaban un refugio natural y las hojas caídas de los pinos simulaban una suave alfombra sobre el césped. Se sentaron juntos en aquel lecho improvisado y al fin ella levantó la cabeza y le miró.

—Creí que nunca volvería a verte. —Sus dedos tocaron indecisos la cara de él, como si no confiase en lo que veían sus ojos—. Te estuve buscando escuchando todos los rumores, esperando... Creía que tenías que estar vivo, pero...

—Silencio. —Tarod la besó, conmovido por la dolorosa familiaridad de su piel bajo los labios—. No digas nada.

Y esta reina se retira a sus aposentos.

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