20 de diciembre de 2012

Menú de fics (VIII)


El menú de hoy es Slash y el postre Dramione. El próximo será navideño. (¡Yupi!)

Primer tiempo
Metamorfosis, de Escristora
Existen muchas clases de héroes.

Los hay que, desde niños, están llamados a desempeñar grandes hazañas. Determinados a cumplir su cometido, forjan su propio destino y consagran su vida a proteger a un mundo que los admira.

Como Potter.

También están los héroes anónimos. Personas que se levantan cada mañana para encontrar su lugar. Aquellos a los que nunca se les reconocerán sus méritos.

Y luego estoy yo.

Un cobarde.

Segundo tiempo

El apartamento de la calle Marshall, de PerlaNegra

—¡POTTER! —bramó alguien junto a él.

—¡JESUCRISTO! —gritó Harry al mismo tiempo que brincaba del sofá.

Se había puesto de pie tan rápido que casi se cae de boca sobre su basurero, y a pesar de eso tuvo tiempo de sacar la varita de uno de los bolsillos de sus jeans. Así que cuando ya estuvo completamente erguido y con la varita al ristre, se dio cuenta de que el mago que le estaba pegando el susto de su vida era nada más y nada menos que Draco Malfoy.

—¿Pero es que acaso en la familia muggle donde te criaste no creen en los beneficios de los posavasos? —lo regañó su inesperado visitante mientras usaba las dos manos para señalar frenético hacia el tiradero que Harry tenía en la mesa de la sala.

—¿Malfoy? ¿Qué… qué haces aquí? —jadeó Harry—. ¿Cómo entraste? —le preguntó con voz estrangulada al pensar que era prácticamente imposible que alguien hubiese podido atravesar las protecciones mágicas que Harry había añadido al apartamento y que se sumaban a las que los anteriores dueños habían dejado.

Tercer tiempo
Cabaret, de Cris Snape

Albus Dumbledore apretó los dientes. No, tampoco estaba allí para eso, pero el joven que un día fue le suplicó que aceptara la oferta. Reprimiendo las ganas de gritarle que era un inconsciente que estaba convirtiendo su futuro en algo absolutamente aciago, Albus bebió de su copa y todo su cuerpo se relajó al sentir el calor abrasador que bajó por su garganta hasta llegar al estómago.

—¿Recuerdas cuando nos subíamos al tejado de la casa de la tía Bathilda y bebíamos hasta caer rendidos? —Preguntó Gellert al cabo de un rato, cuando ya habían dado buena cuenta de unas cuantas copas y la botella de whisky descansaba frente a ellos—. Sólo entonces eras capaz de olvidarte de todas las cosas que estaban mal entre nosotros.

—Gellert…

—¡Oh, sí! Te atormentaba profundamente saberte enamorado de otro hombre —Y Gellert se rió como ya se había reído cuando eran unos chicos y Albus le confesó sus temores—. Decías que no era correcto, que estabas enfermo. Pero yo curé todos tus temores. ¿Recuerdas cómo lo hice?
Con besos y caricias que volvían a sus sueños cuando menos se lo esperaba.

—Sí, Al. Eras un puritano y sigues siéndolo.

—Estaba confundido.

—¿Y ahora? ¿También lo estás?

Postre
Causa y Efecto, de Verde Manzanita

Draco en sí poco o nada entendía de lo que estaba pasando, sólo sabía que necesitaba seguir devorándola. Como Hermione parecía especialmente empeñada en traspasar la barrera de su ropa, el libidinoso joven tironeó un poco de la suya y ella, y aun con limitaciones, pudo colar las manos bajo su chaleco de lana gris y su camisa con el emblema de Slytherin y aferrarse a su cintura. Y tal era la necesidad de él que se aferró a sus piernas, se atrevió a tocarle el trasero y se inclinó más sobre ella con tan mala suerte que, al hacer presión contra su cuerpo, algunos de los libros empezaron a caer de la estantería.

Pero el mundo era tan perfectamente líquido y caliente en aquel momento que ninguno de los dos se detuvo a pensar que estaban en una biblioteca pública, como tampoco les había dado por razonar que, en efecto, se estaban enrollando. Lejos de buscar explicación a semejante fenómeno continuaron explorando un mundo que no conocían.

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