24 de septiembre de 2012

Delirios reales: Adiós abuelo


¿Duele? Te lo preguntaste tantas veces, lo imaginaste y aun así nunca tuviste la más mínima idea, sólo veías a miles de personas morir en las noticias, sentías lástima sí, pero jamás te sentaste a pensar que todas aquellas personas tenían alguien que los esperaba en casa, que estaba junto a su lado cuando dieron su último aliento, jamás meditaste que podían ser el padre de alguien, el hermano de alguien, el tío, el abuelo o incluso el mejor amigo, personas llorando, desgarrándose por dentro y aun así no las comprendías; pero ahora sí.

Dirías que es sencillo, que sólo tienes que pensar que está en un mejor lugar y recordarlo en sus mejores momentos, pero no lo es, no es sencillo recordarlo sin que tus ojos se empañen, no es sencillo pensar que está en un lugar mejor cuando sientes que lo necesitas aquí justo a tu lado, es difícil aceptar que la vida no es como un bumerang, porque él jamás regresará y aunque tu corazón se rompa en dos debes aceptarlo.

Y a pesar de todo te obligas a sonreír, porque debes ser fuerte y porque sabes que a él le disgustaría que te volvieras una magdalena, porque sabes que él adoraba tu sonrisa y también mimarte como a una cría de cinco años.

Lo recuerdas a cada momento, algunas veces te dejas guiar y otras intentas detener tus recuerdos, porque sabes que te dejarán una sonrisa húmeda en el rostro. Y lo añoras, deseas no hacerlo, pero es imposible, es un sentimiento demasiado fuerte como para ignorarlo, y tampoco puedes pararlo. Porque sí, has aceptado que tus ojos jamás lo verán, has agradecido a Dios por el tiempo maravilloso que te dejó disfrutar de su compañía, has agradecido cada consejo, incluso cada regaño que él te haya dado, pero aun así no te haces la idea de que a partir de ahora vivirás en un mundo donde tu querido abuelo no estará.

Y ante esto sólo corres a buscar un escape, no quieres desplomarte, no quieres mostrarte débil, aunque tu corazón llore tú sonríes, porque a él le gustaba que sonrieras y porque tú necesitas sonreír, y lo haces, sonreír digo, por él y por ti, por los dos. Entonces las letras te envuelven en su regazo, forman palabras maravillosas que te consuelan, que te cantan e incluso algunas veces lloran contigo y las adoras por eso, porque se convierten en tu escape, y te obligan a soltar todo lo que sientes para que puedas seguir adelante.

Sonríes. Sonríes y simplemente escribes porque eres diferente a otras personas, porque es mejor para ti escribir lo que sientes que decirlo. Tu carga se hace más ligera y algo dentro de ti suspira aliviado.

Lo extrañarás, por supuesto que sí.  Existirán veces en que tu mente te traiga  recuerdos donde él estará presente, pero los enfrentarás con una sonrisa. Sonreirás con lágrimas y sin ellas, cuando alguna acción tuya te recuerde a él.

Y finalmente le dirás adiós. Porque como te has dicho miles de veces él está en mejor lugar y jamás volverá, necesitas comprenderlo porque de lo contrario jamás podrás seguir tu vida.

Sonríes. Por él y por ti. Eres capaz de apostar que allá en donde se encuentra él también está sonriendo para él y para ti.

Respiras y simplemente susurras: “Adiós abuelo”

Y sonríes pensando que él podría estarte respondiendo algo como “No es un adiós, sino un hasta luego…”

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