30 de marzo de 2012

Desde la biblioteca real: Relojes extraordinarios


Nombre completo: El coleccionista de relojes extraordinarios

Autor: Laura Gallego García

Género: Fantástico

Argumento: “Para salvar el alma de su madrastra, Jonathan debe encontrar el reloj Deveraux antes de que transcurran doce horas. Está en algún lugar de la Ciudad Antigua. Pero a medida que avanza la noche, la ciudad va transformándose. Es y no es la misma...”

Este libro es simplemente…genial. Jonathan debe emprender un viaje en busca del reloj Deveraux, para rescatar a Marjorie, su madrastra, lo que no sabe es que esta búsqueda lo llevará a la “Ciudad Oculta” donde tendrá que enfrentarse con demonios,  perros guardianes e incluso con La Muerte.

Es un libro lleno de personajes fantásticos, que aunque algunos aparecen muy pocas veces dejan esa huellita esencial, para que la historia se desarrolle de esa manera tan… maravillosa.

Ahora pasando a los personajes hablemos de El Marqués, pues es el “malo” de la historia (o eso parece, pero sinceramente ¿Quién no entiende su punto? Él sólo quería conocer algo más, sólo debía destruir todo el universo para ello…), es a su vez el coleccionista de relojes y podría decirse que por su culpa (y también por la de Marjorie por no mantenerse quieta) es que la madrastra de Jonathan está a punto de perder su alma.

Es un hombre que ha vivido mucho, mucho tiempo y durante toda su vida ha querido obtener el reloj Deveraux que se la ha sido arrebatado de las manos millones de veces.

Jonathan, es un chico normal de quince años, al que su padre premia por su cumpleaños y lo lleva al museo de Relojes Extraordinarios, el cual resulta estar cerrado desde hace años. Y pues sí, me gustó, me encantó esa valentía que demostró, incluso cuando su propio padre estaba tirado en el suelo y temblando, y también me encantó que fuera tan inteligente (además es rubio… sí, por todo eso lo amo).

También tenemos a la madrastra de Jonathan: Marjorie, esposa de Bill (el padre de Jonathan), a la cual el chico considera como una hermana mayor y le tiene cierto cariño, pues ella es la culpable de que Jonathan deba enfrentarse a la Ciudad Oculta, es algo tonta, pero se le nota que quiere al chico (y por eso se salvó de que la odiara).

Está Bill, el padre del chico, que bueno lo odié, su actitud de “tengo dinero, puedo hacer lo que se me venga en gana ¡fuera de aquí!” es la razón y ¡vamos! ¿Qué esa falta de recato? ¿Gritar en medio de la Ciudad Antigua? ¿Acaso no le enseñaron modales? ¡Dios! Juro que odié a este tipo, en serio.

Hay otros personajes por allí como Jeremiah (¿No es guapo? *Babea*), Emma (Sí, sí, a pesar de su poco sentido de la moda [?, me gustó), El Contador de Estrelllas (a éste lo amé, es simplemente genial… yo quisiera ser contadora de estrellas, pero seguro perdería la cuenta) y La Muerte (¿Quién no querría conocerla? Digo conocerla, sin que te lleve ¡eh!)

Un excelente libro, definitivamente una obra que merece la pena de sentarse a leer y que como siempre (Laura es así, que le vamos a hacer) te deja con ganas de más y más.

¡Corran a leerlo!

Jonathan todavía temblaba cuando la Muerte se inclinó para recoger a su presa.
—No temas -dijo ella con su voz sobrehumana-. Hoy no he venido por ti.
—¿A... adonde te lo llevas? -pudo decir Jonathan.
La Muerte sonrió enigmáticamente.
—No tengas prisa por saberlo. Tarde o temprano, tú también lo averiguarás.
Jonathan respiró hondo.
—¿Puedo... puedo hacerte una pregunta?
La Muerte no dijo nada, pero Jonathan inquirió, señalando el cuerpo inerte de Nadie:
—¿Por qué ningún demonio le ofreció la inmor­talidad?
La Muerte se volvió para mirar a Jonathan. La profundidad de su mirada lo hizo marearse.
—Porque el Diablo sabía que él me pertenecía desde hacía mucho. Y al Diablo le interesan los vi­vos, no los muertos.

Esta reina se retira a sus aposentos.

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